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LUZ EN EL SANTUARIO

(Antología de las mejores oraciones cristianas)

 

Laureano J. Benítez

 Grande-Caballero

                 

                                        http://www.grandecaballero.com

 

publicado por Editorial Visionnet, 2009

 

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CAPÍTULO 4

 Oraciones de intercesión

 

 

ÍNDICE

 

Oraciones por el mundo a la misericordia divina

Oraciones para las almas que sufren

Oraciones por los difuntos

Oraciones por las almas del purgatorio

 

1.- Oraciones por el mundo a la misericordia divina

 

1.    Dios Padre Celestial: yo te ofrezco el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero.

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Santo Dios, Santo fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

         (Dictada por el mismo Jesucristo a Santa Faustina Kowalska)

 

2.    ¡Oh, Señor Jesucristo!: Por tu infinito amor misericordioso, por tus Sagradas Llagas, por los méritos de tus 33 años de vida terrestre, te suplico que libres de las garras de Satanás a las almas que están al borde del infierno.

 

3.    ¡Oh, Padre Eterno!: Tú que eres creador del mundo y del hombre, por tu inmenso poder, no permitas que la serpiente maligna se apodere astutamente de las almas que Tú has creado. Por el Divino Corazón de Jesús y por el Inmaculado Corazón de María, danos la herencia que nos tienes preparada en las moradas celestiales. Así sea.

Madre Pura Dolorosa: por tu Corazón angustiado de Madre, manda paz al mundo entero.

 

4.   Deseo transformarme en tu misericordia y ser un vivo reflejo de ti, oh Señor. Que éste más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón y mi alma al prójimo.

      Ayúdame, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás sospeche o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame, Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás critique a mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.

Ayúdame Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.

Ayúdame Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo misma me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.

Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí. Jesús mío, transfórmame en ti, porque tú lo puedes todo. (SANTA FAUSTINA KOWALSKA)

       

5.    ¡Padre Eterno, Dios altísimo!: desde tu trono de majestad y misericordia, dígnate mirar a la sagrada víctima que te ofrece tu Santísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los pecados de todos nosotros, sus hermanos, con el fin de suplicarte que destruyas nuestras miserias e iniquidades.

La voz de la sangre de nuestro hermano Jesús, derramada por nosotros, clama desde el santuario de su Corazón, inmolado por nuestro amor. Oye, Señor, sus clamores, y por sus méritos infinitos ten compasión de todos nosotros.

Ya que invocamos tu Santo Nombre por mediación del Sagrado Corazón de Jesús, otórgame la gracia que te pido (petición), y derrama sobre nosotros y sobre tu pueblo los tesoros de tu infinita misericordia. Amén.

 

6.    Oh, Dios de gran misericordia, Bondad infinita, hoy toda la humanidad clama desde el abismo de su miseria a tu misericordia, a tu compasión, Oh Dios, y grita con la potente voz de la miseria.

Oh, Dios indulgente, no rechaces la oración de los desterrados de esta tierra. Oh Señor, Bondad inconcebible que conoces perfectamente nuestra miseria y sabes que por nuestras propias fuerzas no podemos ascender hasta ti, te imploramos que nos anticipes tu gracia y que multipliques incesantemente tu misericordia en nosotros, para que cumplamos fielmente tu santa voluntad a lo largo de nuestras vidas y en la hora de la muerte.

Que la omnipotencia de tu misericordia nos proteja de las flechas de los enemigos de nuestra salvación para que con confianza, como tus hijos, esperemos tu última venida, ese día que conoces sólo Tú. Y, a pesar de toda nuestra miseria, esperamos recibir todo lo que Jesús nos ha prometido, porque Jesús es nuestra esperanza: a través de su Corazón misericordioso, como a través de una puerta abierta, entramos en el cielo. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)

 

7.    ¡Oh divino Corazón de Jesús!, concede a las almas del Purgatorio el descanso eterno; a los que mueran la gracia de la perseverancia; a los pecadores un verdadero arrepentimiento; a los que no te conocen la luz de la fe; y a mí y a todos los míos tu bendición.

A ti encomiendo todas estas almas, y por ellas te ofrezco todos tus méritos, juntamente con los de tu Santísima Madre, con los de todos los ángeles y santos y con todas las Misas, comuniones, oraciones y buenas obras que tendrán lugar hoy en todo el mundo cristiano.

 

8.    Padre Celestial, Dios todopoderoso: con humildad vengo ante tu Presencia; te pido que perdones mis pecados y los de todo el mundo.

Padre, te hemos ofendido: nuestros antepasados te han ofendido, y todos nosotros continuamos ofendiéndote diariamente. Señor, ten piedad.

Señor, Dios mío, me arrepiento de mis pecados y de los de todo el mundo. Perdónanos, Señor, por quebrantar tus mandamientos; perdónanos, Señor, por no escuchar tu Palabra. Señor, Dios mío, con vergüenza te presento el estado de esta pobre humanidad a la vez que te imploro tu Misericordia y Compasión.

Señor, siento mucho el confesarte los pecados de todo el mundo. Somos culpables, Señor: te hemos insultado con nuestro orgullo, te hemos desafiado con nuestros pecados. Estamos quebrantando tus mandamientos. Señor, por favor, ten misericordia de nosotros.

Señor de Santidad, Misericordia, Amabilidad y Paciencia: por favor, ten Misericordia de nosotros. Envía nuevamente tu Espíritu y, en el nombre de Jesús, libéranos de los espíritus malignos que nos acechan.

Sálvanos ,Señor, concédenos el fuego del Espíritu Santo para que nos purifique, llena nuestros corazones con arrepentimiento y contrición, muéstranos el camino de regreso hacia Ti. Sálvanos.

Señor, no mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia. Te pedimos que tengas misericordia de toda la humanidad en el Santo nombre de Jesús tu Hijo, quien murió crucificado por nuestros pecados. Amén.

 

 

9.    Padre Eterno, te ofrezco el precioso cuerpo, la sangre, el alma y la Divinidad de tu querido y amado Hijo Nuestro Señor Jesús Cristo; y las lágrimas, las penas, las virtudes y las glorias del Inmaculado Corazón de María en reparación por mis pecados y por los pecados del mundo entero, en reparación por los pecados de (nombrar a la persona) y de las almas por las cuales rezo.

Consagro todas las almas al Sacratísimo Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Señor Jesús, escóndeles por favor en tus santas heridas y purifícalas con tu Preciosa Sangre.

Bendita Madre María, por favor, purifícalas con tus lágrimas y cúbrelas con tu manto de pureza y protección. Señor, concédeles la paz, el amor y la alegría en sus corazones y sanación en cuerpo, mente y alma.

Con mi Bendita Madre María, todos los ángeles y santos te alabo, mi Dios, te bendigo, te doy gracias y glorifico tu Santo Nombre.

Todo el Reino, el Poder y la Gloria sean tuyos ahora y siempre. Amen.

 

 

10.  Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te bendigo, te alabo, te glorifico, te magnifico, te adoro profundamente y humildemente elevo mi espíritu mientras te ofrezco mi oración.

Señor, te ofrezco todo el Amor, la Alabanza y la Gloria que deberías haber recibido de mí,  y que por causa de mis pecados te he negado.

Señor, te ofrezco todo el Amor, la Alabanza y la Gloria que deberías haber recibido de la raza humana desde los tiempos de Adán y Eva, y que por causa de nuestro pecado te hemos negado. Confieso los pecados de la humanidad y me siento muy arrepentido por ellos. Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, te ofrezco todo el Amor, la Alabanza y la Gloria que deberías haber recibido de tu Creación Espiritual, la cual falló por causa de Lucifer y todos los espíritus y ángeles caídos y que te han negado.

Yo deseo hacer justicia para Ti, que eres la Justicia, y te ofrezco mi vida, unida a los méritos de tu Santa Palabra encarnada, Nuestro Señor Jesucristo, su pasión y su muerte, su precioso cuerpo, sangre, alma y divinidad como reparación.

También te ofrezco las perfecciones, las virtudes, las penas y los méritos de la Inmaculado Corazón de María. Te ofrezco los méritos de todos los Patriarcas, los Profetas, los Apóstoles, los Mártires, los Santos y todos aquellos que han hecho tu voluntad por el paso de los años.

Bendita Madre María, con todo los Ángeles Celestiales y Santos, y con toda la creación adoremos, honremos, alabemos y glorifiquemos a Nuestro Dios, por siempre y para siempre. Amen.

 

 

2.- Oraciones para las almas que sufren

 

Oraciones por los pecadores

 

 

1.    Oh, Dios de gran misericordia, que te dignaste enviarnos a tu Hijo Unigénito como el mayor testimonio de tu insondable amor y misericordia: Tú no rechazas a los pecadores, sino que también a ellos les has abierto el tesoro de tu infinita misericordia, del que pueden recoger en abundancia tanto la justificación como toda santidad a la que un alma puede llegar.

Padre de gran misericordia, deseo que todos los corazones se dirijan con confianza a tu infinita misericordia. Nadie podrá justificarse ante ti si no va acompañado por la insondable misericordia tuya. Cuando nos reveles el misterio de tu misericordia, la eternidad no bastará para agradecerte por ella debidamente. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)

 

 

2.    Oh Jesús, Verdad eterna, Vida nuestra, te suplico y te mendigo tu misericordia para los pobres pecadores.

Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno de piedad y de misericordia insondable, te suplico por los pobres pecadores.

Oh sacratísimo Corazón, fuente de misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana, te suplico luz para los pobres pecadores.

Oh Jesús, recuerda tu amarga pasión y no permitas que se pierdan las almas redimidas con tu preciosa sangre.

Oh Jesús, cuando considero el alto precio de tu sangre, me alegro en su inmensidad, porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores (...) ¡Oh, qué alegría arde en mi corazón cuando contemplo tu bondad inconcebible, Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a tus pies para que glorifiquen tu misericordia por los siglos de los siglos. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)

         

3.    Te suplico, Señor, Dios Padre Celestial, que derrames sobre todas las almas que sufren, sea en el espacio como espíritus errantes, sea entre nosotros como espíritus encarnados, las gracias de tu infinito amor y misericordia.

Ten compasión de nuestras miserias y debilidades. Que tu misericordia se extienda sobre todos los que no han podido resistir a sus malas inclinaciones, y están en un mal camino.

Que tus buenos Espíritus los rodeen, que tu luz resplandezca ante sus ojos, y que vengan arrepentidos a tus pies.

     

Oraciones en las aflicciones de la vida

 

1.   Dios todopoderoso, que ves mis miserias, dígnate escuchar favorablemente los votos que te dirijo en este momento. Si es justo y útil a tus ojos, que los buenos Espíritus que ejecutan tu voluntad vengan en mi ayuda para su cumplimiento.

Cualquier cosa que suceda, Dios mío, que se haga tu voluntad. Si mis deseos no son escuchados, es porque entra en tus designios probarme, y a ello me someto sin murmurar.

(Hágase la petición que se desea)

       

2.   Dios mío, acepto el motivo de aflicción que acabo de experimentar como una expiación de mis faltas pasadas y una prueba para el porvenir.

Espíritus buenos que me protegéis, dadme fuerza para soportarla sin murmurar; haced que sea para mí una advertencia saludable que aumente mi experiencia, combata mis defectos y contribuya a mi mejoramiento.

         

3.   Señor, Dios de mi corazón, sólo Tú conoces y lees a fondo el corazón de tus criaturas; sólo Tú conoces mis penas; sólo Tú conoces mis angustias, que en mí provienen del temor que tengo de perderte, de ofenderte, de no amarte cuanto mereces y yo debo y deseo hacerlo.

Si conoces que es mejor para tu gloria y para mi salvación que yo permanezca en este estado, que así sea, no deseo verme libre; pero dame la fuerza para que yo luche y logre el premio de las almas fuertes.

       

4.    Dios mío, te ruego que me des fuerza para sobrellevar la prueba que has tenido a bien enviarme.

Permite que la luz sea bastante viva para que mi espíritu aprecie en todo su valor el dolor que me aflige para salvarme. Me someto con resignación,  mas ayúdame, Señor, pues sin ti nada puedo.

        

5.    Oh, mi Jesús, dame fuerza para soportar los sufrimientos y para que mi boca no se tuerza cuando bebo el cáliz de la amargura. Ayúdame Tú mismo para que mi sacrificio te sea agradable: que no lo profane mi amor propio. Que te alabe, oh Señor, todo lo que hay dentro de mí: la miseria y la fuerza. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)

 

6.   Madre Dolorosa, tu corazón traspasado por la espada nos recuerda que eres Maestra en saber bien sufrir. Enséñame a sobrellevar el sufrimiento, a soportarlo con visión de eternidad. Con esa esperanza, asociada a la Cruz reconciliadora de tu Hijo, el dulce Señor Jesús, pido tu intercesión: obtenme la gracia que me permita aprender y vivir intensamente tu ejemplo y lección. Que así sea.

 

 

7.   Santísima Virgen, Madre de Dios, me postro a tus pies en presencia de Dios omnipotente, para ofrecerte mi corazón con todos sus afectos. A ti lo consagro y quiero que sea siempre tuyo y de tuyo hijo Jesús.

Acepta esta humilde oferta, tú que siempre has sido la auxiliadora del pueblo cristiano.

Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro.

Reina de los cielos, en tus manos pongo mi causa. Sé bien que en los casos desesperados se muestra más potente tu misericordia y nada puede resistir tu poder. Alcánzame, Madre mía, la gracia que te pido, si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén.

 

8.     ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

 Cuando me abruman los pesares de la vida; mi cáliz es muy amargo, pero yo quiero unirlo con el pensamiento al que Tú aceptaste por mí en el huerto de Getsemaní y hallaré fuerzas para beberlo a mi vez. ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

 Cuando me vea víctima de la injusticia, cuando me abandonen los amigos, cuando la soledad me parezca más amarga, porque también Tú conociste la amargura y el abandono... ¿No podré soportar la indiferencia y la ingratitud de los hombres cuando mi Dios fue traicionado por sus discípulos? ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

 

 

 Cuando el trabajo me parezca penoso, cuando el desaliento se apodere de mi alma... Tú eres quien permites este desfallecimiento, Salvador mío, para que me acerque a tu cruz y vaya a buscar, en ese manantial bendito, la fuerza y el valor que me faltan.  ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

Cuando venga a visitarme la enfermedad y cuando me abrume el dolor... Me uno de corazón a tu cruel agonía; uno mis sufrimientos a los tuyos; los ofrezco, ¡oh Jesús!, en expiación de las faltas que he tenido la desgracia de cometer y que te han conducido hasta el Calvario. ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

Cuando lloro la ausencia de un ser querido siento despedazado mi corazón, pero sé que Tú has bendecido las lágrimas llorando a tu amigo Lázaro, y me siento más resignado al venir a suplivarte que bendigas las mías. ¡Hágase tu voluntad, Dios mío!

 En todo el curso de mi vida, cualesquiera que sean mis trabajos, te los ofrezco, divino Redentor mío. Tú que has aceptado, siendo víctima inocente, el peso de los pecados del mundo, dame fuerzas para sobrellevar a mi vez las pruebas que he merecido y que me envía tu divina mano... ¡Las consideraré como una prenda de tu amor, a fin de que sean prenda de mi salvación!

 A Ti, Señor, levanto mis ojos; en Ti confió, Dios mío, Padre de Misericordia.

 Bendice y santifica mi alma con bendición celestial, para que sea morada santa tuya, silla de tu gloria eterna, y no haya en este templo tuyo cosa que ofenda los ojos de tu majestad soberana.

 Mírame según la grandeza de tu bondad y según la multitud de tus misericordias, y oye la oración de este pobre siervo tuyo, desterrado lejos en la región de la sombra de la muerte.

 Defiende y conserva el alma de tu siervo entre tantos peligros de la vida; y, acompañándola tu gracia, guíala por el camino de la paz a la patria de la perpetua claridad. Amén.

(TOMÁS DE KEMPIS)

 

 

9.    Tu emblema fue siempre padecer y ser despreciado. ¡Oh, si pudiese yo al menos resignarme en mis tribulaciones, ya que no soy tan generoso como Tú en el padecer y ser despreciado!

 A Ti, pues, que en tantos sufrimientos fuiste siempre paciente, resignado y gozoso, a Ti me encomiendo, para que me enseñes a resignarme en mis muchas penas.

 Tampoco me faltan fuertes pesares y pesadas cruces, y muy a menudo me siento cansado y desalentado, me abato y caigo.

 Ten compasión de mí, y ayúdame a llevar con resignación y gozo mis cruces, con la mirada siempre vuelta al cielo. Te tomo por protector mío, por mi maestro y mi guía aquí en la tierra, para ser tu compañero en la patria del Paraíso. Amén.

 

10.    Señor Jesús, Te pido por mi alma.

 Las consecuencias del pecado se reflejan en ella, por eso muchas veces me siento nervioso e irascible, impaciente y vengativo.

 La malas costumbres ya se enraizaron en mi alma, y quedaron las cicatrices de las heridas que me dificultan amar al prójimo.  Me volví muy desconfiado por causa de las experiencias que acumulé. Purifica, Señor, mi subconsciente. Penetra en él con tu luz para que las tinieblas no lo envuelvan.

 Con el poder de tu gracia, toca lo más profundo de mi alma, que está amarrada a las cosas materiales, de donde provienen mis miedos. Purifícame para que mi espíritu esté más abierto a Ti. Cúrame de la desconfianza que pueda tener de Ti y de tu palabra.

Te pido, Señor Jesús, que me cures de toda conmoción negativa y de los traumas que causaron los fracasos y planes no realizados.

 Purifícame de toda tiniebla interior y cuida de las heridas que se encuentran en la médula de mi subconsciente. Con el poder de tu nombre, Jesús, y de acuerdo con tu Palabra, ahora mismo yo aniquilo todo pensamiento y todo orgullo que se levantan en mí contra el conocimiento de Dios y esclavizo todo pensamiento y lo reduzco a la obediencia a Ti.

Te pido además, Señor Jesús, que mi alma sea renovada por el poder de tu Santo Espíritu y de tu Palabra y que solamente lo que sea verdadero, noble, justo, puro, amable, de buena fama, virtuoso y digno de alabanza ocupe mis pensamientos.   Que tu paz, que sobrepasa toda inteligencia, guarde mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús. 

 

Oraciones en la enfermedad

 

1.    Perdóname, Señor, por todas las veces que te he fallado, por mis fallos contra mí mismo y los demás. Al mismo tiempo, perdono a todos los que me han fallado de alguna manera y me han herido.

Ayúdame a ver que mi enfermedad tiene una parte muy importante en mi vida. Ella me ayudará a ser plenamente la persona que Tú quieres que yo sea. No permitas que yo pierda o desperdicie lo que Tú quieres hacer conmigo para hacer completa mi vida en esta tierra, y para preparar mi vida contigo en el Cielo.

Ahora yo no puedo orar de la manera que quisiera. (Estoy dolorido, cansado confundido), y por eso quiero descansar sobre tu amante Corazón en la seguridad y en la paz, como un niño en los brazos de su padre. Yo sé que Tú no me abandonarás. Te amo, mi Señor, y quisiera amarte con todo mi corazón.

 

       

2.   Señor, Tú conoces mi vida y sabes mi dolor, has visto mis ojos llorar, mi rostro entristecerse, mi cuerpo lleno de dolencias y mi alma traspasada por la angustia. Lo mismo que te pasó a ti cuando, camino de la cruz, todos te abandonaron. Hazme comprender tus sufrimientos y con ellos el amor que Tú nos tienes.

Que yo también aprenda que uniendo mis dolores a tus dolores tienen un valor redentor por mis hermanos.

Ayúdame a sufrir con amor, hasta con alegría. Sí no es posible que pase de mí este cáliz, te pido por todos los que sufren: por los enfermos como yo, por los pobres, los abandonados, los desvalidos, los que no tienen cariño ni comprensión y se sienten solos.

Señor: sé que también el dolor lo permites Tú para mayor bien de los que te amamos. Haz que estas dolencias que me aquejan me purifiquen, me hagan más humano,  me transformen y me acerquen más a ti. Amén. (JUAN PABLO II)    

 

3.-   Señor, Tú eres la suma justicia: la enfermedad que me has enviado debo merecerla, porque jamás afliges sin causa.

Para mi curación, me someto a tu infinita misericordia. Si te place devolverme la salud, que tu Santo Nombre sea bendito. Si, por el contrario, debo sufrir aún, que asimismo sea bendito.  

Me someto sin murmurar a tus divinos decretos, porque todo lo que haces no puede tener otro objeto que el bien de tus criaturas.

    

Oraciones por los enfermos

 

1.    Señor Jesús, aquél (aquélla) a quien amas está enfermo(a). Tú lo puedes todo, y por eso te pido humildemente que le devuelvas la salud. Pero, sin son otros tus designios, te pido le concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad.

En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venían a ti: dame esa misma dulzura, ese tacto que es tan difícil de tener cuando se está sano. Que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones para acompañarle, si es su deseo.

Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén.

 

2.   Dios mío, tus miras son impenetrables, y en tu sabiduría has creído deber afligir a…(nombre) con la enfermedad. Te suplico que eches una mirada de compasión sobre sus sufrimientos, y te dignes ponerles un término.

Espíritus buenos, ministros del Todopoderoso, os ruego que secundéis mi deseo de aliviarle; haced que mi oración vaya a derramar un bálsamo saludable en su cuerpo y consuele su alma.

Inspiradle la paciencia y la sumisión a la voluntad de Dios, y dadle la fuerza para sobrellevar sus padecimientos con resignación cristiana, a fin de que no pierda el fruto de esta prueba.

 

3.  Señor Jesucristo, Redentor de los hombres, que en tu Pasión quisiste soportar nuestros sufrimientos y aguantar nuestros dolores: por tu infinita misericordia, te pido que mires con piedad a N…, que está enfermo y necesita ser curado en el cuerpo y en el espíritu. Te suplico fortaleza para él y para todos los que sufren a su alrededor. Que tu misericordia le devuelva la salud, y enséñanos a cumplir tu voluntad.

 

4.    Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Tú que en todos estás presente y lo llenas todo con el consuelo de tu Espíritu Santo, ven a fortalecernos en nuestras angustias y preocupaciones.

Tú, que por tu Hijo Jesucristo saliste al encuentro de los enfermos, tocaste las llagas de los leprosos, consolaste a los afligidos, defendiste a los pobres y resucitaste a los muertos: ven a dar sentido a nuestros males, ven a sanar nuestros corazones, ven a darnos vida abundante y alivio a nuestros sufrimientos.

Que animados por la fe, llenos de amor y de esperanza, completemos en nuestros cuerpos lo que falta a la pasión de Cristo, por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Amén.

    

5.   Te confiamos, Señor, los enfermos: los niños que sufren, los hombres y mujeres incapaces de trabajar; los ancianos, cuyas fuerzas declinan, y también los agonizantes.

Dales tu luz y tu fuerza, para que su sufrimiento tenga en la fe un sentido y puedan confiarse a ti. Líbralos de sus males por tu misericordia. Da salud y aliento al que se deprime, y haz brillar tu luz en sus dificultades.

 

6.   Oración al Padre Pío por los enfermos

 

Santo Padre Pío, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos e intercede ante nuestro Padre Misericordioso por los que sufren.

Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo; sostiene a quienes han perdido toda esperanza de curación; consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores; protege a quienes no pueden atenderse o medicarse por falta de recursos materiales o ignorancia; alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar; vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa; acompaña a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos; alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan; toca los miembros y músculos que han perdido movilidad; ilumina a quienes ven tambalear su fe y se sienten atacados por dudas que los atormentan; apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran; calma a quienes se estremecen por dolores y calambres; concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan; devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia; disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos; vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento; guía a los moribundos al gozo eterno; conduce a los que más lo necesitan al encuentro con Dios; bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor, los consuelan en su angustia y los protegen con caridad. Amén 

 

 

7.   Señor, en tu Sagrado Corazón yo coloco mi corazón unido a todas mis necesidades y deseos. Te presento humildemente mis peticiones; por favor, dígnate escuchar mi súplica, abrázame con tu amor, respóndele a mi alma. Mírame, Señor, soy tu hijo que viene atraído por tu amor.

Mi Señor Jesús: en tu cuerpo crucificado yo coloco reverentemente mis pecados, mi enfermedad y las de aquellas personas por las cuales rezo, puesto que Tú soportaste nuestras enfermedades, soportaste nuestros sufrimientos y pagaste por nuestros pecados. Por favor, disuélvelo todo en tu misericordia; concédeme estas peticiones en tu santo nombre y en el nombre de tu dolorosa Madre, mi Madre. Amen.

 

 

8.   Jesús, tus manos y tus pies fueros traspasados, y también tu costado. Todo fue traspasado para que fuésemos sanados, para que nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo, fuese purificado.

 Jesús, por tu paciencia en los sufrimientos sánanos, sana de la impaciencia a nuestros enfermos y a los que los socorren. Tú sabes que sufriendo se pierde la calma. Devuélvenos el amor, para que podamos soportar el dolor, como Tú mismo lo soportaste.

 ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros!


 

Oraciones por los afligidos

 

1.    ¡Oh, Señor! Por la tristeza incomparable y por la gran desolación que pasó tu corazón en el monte de los Olivos y en la Cruz, y por la gran aflicción que sufrió tu querida Madre, mientras estuvo privada de tu presencia, sé la alegría, o por lo menos la fortaleza, para este hijo/a tuyo/a, cuando la cruz y la pasión están del todo unidas con su alma.

 

2.    Dios mío, por tu bondad infinita, dígnate aliviar la situación de… (nombre), si tal es tu Voluntad.

Espíritus buenos: en nombre de Dios Todopoderoso, os suplico que le asistáis en sus padecimientos, si algo puede hacerse en interés suyo; dadle confianza en Dios y en el porvenir, y la fuerza necesaria para que mantenga la fe y la esperanza.

Conducid mi pensamiento hacia N, y que le ayude a sostener su ánimo.

 

3.    Señor Jesús, te pido que entres en el corazón de (decir el nombre de la persona) y toques aquellas experiencias de su vida que necesitan curarse.

 Tú conoces mucho mejor a (decir el nombre de la persona) de lo que él/ella se conoce a sí mismo/a.  Derrama pues, tu amor en todos los rincones de su corazón. Donde quiera que lo/a encuentres herido/a, tócalo/a, consuélalo/a, libéralo/a.

 Si él/ella se siente solo/a, abandonado/a, rechazado/a, concédele, mediante tu amor regenerador, una nueva conciencia de su valor con persona.

 Jesús, te entrego a (decir el nombre de la persona) totalmente a Ti, su cuerpo, mente y espíritu y te agradezco por restaurar su integridad.

 Gracias, Señor. Amén.

 

3.- Oraciones por los difuntos

 

Oración por los agonizantes al Sagrado Corazón de Jesús

 

¡Oh, misericordioso Jesús, abrasado en ardiente amor por las almas!: Te suplico,  por las agonías de tu Sagrado Corazón y por los dolores de tu inmaculada Madre, que laves con tu sangre a todos los pecadores de la tierra que estén ahora en la agonía y tienen que morir hoy. Amén.

Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos.

 

 

Oraciones por un moribundo

 

 

1.   ¡Señor Jesucristo! Siendo Tú el Hijo de Dios y también el Hijo de la Santísima Virgen María, eres Dios y hombre. En tu Pasión ofreciste todos tus sufrimientos a Dios, tu Padre Celestial, por nosotros, y por la salvación de este moribundo... Por los méritos de tu sacrificio, te suplicamos que perdones todas sus culpas.

Oh, Padre Eterno, te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor, tu muy amado Hijo, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo ahora y siempre. Amén.

 

 

2.    ¡Señor Jesucristo! Muriendo humildemente en la Cruz por nosotros, sometiste tu Voluntad completamente a la Voluntad de tu Padre Celestial, para traernos la paz. También has ofrecido tu santa muerte al Eterno Padre en rescate de...(esta persona) y para ocultar de su vista el castigo merecido por sus pecados. ¡Oh, Padre Eterno! Escúchanos y perdónale, te suplicamos.

Te lo pedimos por tu único Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina ahora y siempre contigo, en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oraciones por un difunto

1.    Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a)... (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en tu Reino, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de ti, ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados.

 

2.    Dígnate acoger, ¡Oh, Dios mío!, la oración que te dirijo para pedir por el espíritu de… (nombre). Hazle entrever tus divinas luces, y que le sea fácil el camino de la felicidad eterna. Permite que los buenos espíritus le lleven mis palabras y mis pensamientos.

Cristo, Tú que sufriste muerte de cruz por nosotros, concede a N… la libertad verdadera, llévale a tu paraíso y, como buen Pastor, cuéntale entre tus ovejas. Perdona sus pecados, agrégale al número de tus elegidos, para que por tu misericordia pueda gozar de la visión de Dios por los siglos de los siglos.

 

3.    Acoge, Señor, en tu reino a tu siervo/a (nombre), para que alcance la salvación que espera de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Salvador, que por nosotros sufrió muerte cruel y nos obtuvo la vida eterna, libra, Señor, a tu siervo/a de todos sus sufrimientos y borra los pecados que cometió por fragilidad humana.

Haz, oh Dios omnipotente, que el alma de tu siervo/a..., que ha pasado de este siglo al otro, purificada con estos sacrificios y libre de pecados, consiga el perdón y el descanso eterno. Amén.

Misericordioso Jesús, concédele el descanso eterno, y que la luz inextinguible le ilumine. Amén.

 

 

 

Oraciones por todos los difuntos

 

1.   Dios todopoderoso, que por la muerte de Jesucristo, tu Hijo, destruiste nuestra muerte; que por su reposo en el sepulcro santificaste las sepulturas y por su gloriosa resurrección restituiste la vida a la inmortalidad: escucha nuestra oración por aquellos que,  muertos en Cristo y sepultados en Él, anhelan la feliz esperanza de la resurrección.

Concede a las almas de tus siervos y siervas la remisión de todos sus pecados, para que, por las humildes súplicas de la Iglesia, alcancen el perdón que siempre desearon, y puedan alabarte sin fin en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

2.     Dios todopoderoso: por la muerte de Jesucristo, tu Hijo, destruiste nuestra muerte;
por su reposo en el sepulcro santificaste las sepulturas y por su gloriosa resurrección nos restituiste la vida a la inmortalidad.

 Escucha nuestra oración por aquellos que, muertos en Cristo y  sepultados en él, anhelan la feliz esperanza de la resurrección.

 Concede, Señor de vivos y muertos, a cuantos en la tierra te conocieron por la fe,
alabarte sin fin en el cielo.

 Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Preces por los difuntos

 

1.    Señor, danos la vida en Cristo…

Presta oídos, Señor, a las oraciones con que imploramos tu misericordia a favor de nuestros hermanos que murieron en la esperanza de la resurrección. Señor

Llévalos contigo a la patria de la luz, para que participen también de la ciudadanía de los santos. Señor…

Acógelos con bondad, para que alcancen los gozos de la eterna bienaventuranza. Señor…

Dígnate consolarnos en nuestro tránsito con la dulzura de nuestra esperanza. Señor…

Libra a las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados. Señor…

        

2.    Oremos al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, y digámosle:

Tú, Señor, eres nuestra vida y nuestra resurrección.

Oh Cristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo Lázaro, lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu sangre preciosa. Tú, Señor,…

Oh Cristo, consolador de los afligidos, consuela a los que lloran la muerte de sus seres queridos. Tú, Señor,…

Oh Cristo Salvador, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que merecimos la muerte, para que obtengamos en ti la vida eterna. Tú, Señor, …

Oh Cristo Redentor, mira benignamente a los que, por no conocerte, viven sin esperanza, para que crean también ellos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro. Tú, Señor, …

Tú que, al dar la vista al ciego de nacimiento, hiciste que pudiera mirarte, descubre tu rostro a los difuntos que todavía carecen de tu resplandor. Tú, Señor, …

Tú, Señor, que permites que nuestra morada corpórea sea destruida, concédenos una morada eterna en los cielos. Tú, Señor…

 

4.- Oraciones por la almas del purgatorio

 

Oraciones por nuestros seres queridos

 

 

1.    Por los padres

 

Oh Dios, que nos has mandado honrar a nuestro padre y a nuestra madre, sé clemente y misericordioso con el alma de mis padres; perdónales sus pecados y haz que un día pueda verlos en el gozo de la luz eterna.

¡Oh Dios!, que nos mandaste honrar a nuestro padre y a nuestra madre: por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlos de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

 

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que  te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.

 

       

¡Oh Buen Jesús! El dolor y sufrimiento de los demás conmovía siempre tu corazón. Mira con piedad las almas de mis queridos familiares del Purgatorio. Oye mi clamor de compasión por ellos, y haz que aquellos a quienes separaste de nuestros hogares y corazones disfruten pronto del descanso eterno en el hogar de tu amor en el cielo.

Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

 

 

2.    Por familiares y amigos

 

 Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y deseas la salvación de los hombres, imploramos tu clemencia a favor de nuestros hermanos, parientes y bienhechores que partieron de este mundo, para que mediante la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, hagas que lleguen a participar de la eterna bienaventuranza. Por Nuestro Señor Jesucristo. Así sea.

 

 

Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos, compadécete de nuestras lágrimas.

Míralas, Señor, como sangre del alma dolorida; míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por el alma de nuestros familiares difuntos, para que los purifiques en tu sangre preciosa y las lleves cuanto antes al cielo, si aún no te gozan en él; míralas, y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los lazos del cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

 

 

Por las almas del purgatorio

 

 

1.   Padre misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante en el cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de paz y felicidad.

Llévalas de la prisión de las tinieblas a la luz y libertad de los hijos de Dios en el Reino de tu gloria.

 

 

2.   Amable Salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu preciosa Sangre, salvándolas de la muerte eterna.

 Dios Espíritu Santo, enciende en mí el fuego de tu divino amor. Aviva mi fe y confianza, y acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio. Quiero aplicar los méritos de esta devoción en favor de toda la Iglesia sufriente y en especial por mis difuntos padres, hermanos, hermanas, bienhechores, parientes y amigos. Atiende mi plegaria para que podamos reunirnos en el Reino de tu gloria.

 

       

3.    ¡Oh Dios!, nuestro Creador y Redentor, con tu poder Cristo conquistó la muerte y volvió a ti glorioso. Que todos tus hijos que nos han precedido a en la fe (especialmente N...) participen de su victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria, donde Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.

Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.

María, Madre de Dios, y Madre de misericordia, ruega por nosotros y por todos los que han muerto en el regazo del Señor. Amén.

 

  

4.    Libra, Señor, por tantos dolores como has padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llévalas a descansar a tu santa Gloria, y sálvanos para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevaste al buen ladrón, que fue crucificado contigo. Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. (SAN AGUSTÍN)

       

5.    ¡Oh Dios de todo consuelo! Dios Redentor y Salvador, ten piedad y misericordia de las almas que sufren en el purgatorio: son el precio de tu Sangre; ábreles tu piadoso Corazón; oye sus gemidos y concédeles librarse de sus penas y la felicidad de ir a la luz del cielo, olvidando las faltas que la fragilidad humana les hizo cometer.

Sácalas por la bondad de tu misericordioso Corazón, y por la intercesión y méritos del Corazón Inmaculado de tu Madre María Santísima, de aquel lugar de tinieblas, para hacerlas entrar en la morada de la luz y de la paz.

Corazón Divino de Jesús, convierte a los pecadores, salva a los moribundos y libera a las benditas almas del Purgatorio.

 

Letanía para las almas del purgatorio

 

Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiádate de las benditas almas del Purgatorio y ayuda a mis queridos padres y antepasados.

 

(A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!)

 

Ayuda a mis hermanos y parientes.
Ayuda a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayuda a los que han sido mis amigos.
Ayuda a cuantos debo amor y oración.
Ayuda a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayuda a los que han faltado contra mí.
Ayuda a aquellos a quienes profesas predilección.
Ayuda a los que están más próximos a la unión contigo.
Ayuda a los que te desean más ardientemente.
Ayuda a los que sufren más.
Ayuda a los que están más lejos de su liberación.
Ayuda a los que menos auxilio reciben.
Ayuda a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayuda a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayuda a los poderosos, que ahora son siervos.
Ayuda a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayuda a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayuda a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayuda a los tibios y perezosos.

Ayuda a los que sólo se preocuparon del dinero y del placer.

Ayuda a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayuda a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.

Ayuda a los que juzgarás tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayuda a los caídos en los campos de batalla.

Ayuda a los muertos repentinamente.

Ayuda a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

V. Dales, Señor, a todas las almas el descanso eterno.

R. Y haz lucir sobre ellas tu eterna luz.

V. Que en paz descansen.

R. Amén.

 

Cien Réquiem por las almas del purgatorio

 

Para hacer este ejercicio, podemos servirnos de un rosario común de cinco decenas, recorriéndolo dos veces para formar las diez decenas, o sea la centena de réquiems.

Se empieza rezando un Padrenuestro, y después una decena de réquiems en esta forma:

Dales, Señor, el eterno descanso y haz lucir sobre ellas tu eterna luz.

En cada cuenta grande se dirá la jaculatoria y ofrenda siguientes:

 

JACULATORIA

 

Almas santas, almas purgantes, rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos por vosotras  para que Él os  dé la gloria del paraíso.

 

OFRENDA

 

Padre eterno, te ofrecemos la sangre, pasión y muerte de Jesucristo, y  los dolores de la Virgen María, por la remisión de nuestros pecados, la libertad de las almas del Purgatorio y la conversión de los pecadores.

 

En seguida se rezan la segunda y demás decenas de Réquiems sobre las cuentas pequeñas, repitiendo la jaculatoria y la ofrenda sobre cada cuenta grande.  .

 

Oración final:

 

¡Almas benditas!: nosotros hemos rogado por vosotras, que érais tan amadas de Dios y estáis seguras de no poderlo perder: rogadle por nosotros.

¡Dulce Jesús, da el descanso eterno a las benditas almas del Purgatorio!

 

 

Oración para pedir la intercesión de María por las almas del purgatorio


      Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista y de la de tu Hijo bendito.

Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio.

 

V. No te acuerdes, Señor, de  mis pecados.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dirige, Señor Dios mío,  mis pasos a tu presencia.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dales, Señor, el descanso eterno y luzca para ellos la luz eterna.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

(Padrenuestro)

V. De la puerta del infierno
R. Saca, Señor, sus almas.
V. Descansen en paz.
R. Amén.
V. Señor, oye mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor.

 

Oremos: Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.

 

Rosario de la Virgen de la Milagrosa por las almas del purgatorio

 

PRIMER MISTERIO

 

Te suplicamos, Señor, saques tantas almas del purgatorio y conviertas tantos pecadores cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió tu Corazón y el de tu Madre, en la noche de tu dolorosa Pasión y cruel agonía en el huerto de los olivos.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de María, saludándola diez veces con la jaculatoria: ¡Oh María!, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti.

 

SEGUNDO MISTERIO


       Te
suplicamos, Señor, saques tantas almas del purgatorio y conviertas tantos pecadores cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió tu corazón y el de tu Madre con el sufrimiento de los azotes que sufriste amarrado a una columna.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la María, saludándola diez veces con la jaculatoria: ¡Oh María!, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti.

 

TERCER MISTERIO

 

Te suplicamos, Señor, saques tantas almas del purgatorio y conviertas tantos pecadores cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió tu Corazón y el de tu Madre con la coronación de espinas, las burlas y las ofensas que te hicieron.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la María, saludándola diez veces con la jaculatoria: ¡Oh María!, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti.

 

CUARTO MISTERIO

 

Te suplicamos, Señor, saques tantas almas del purgatorio y conviertas tantos pecadores cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió tu Corazón y el de tu Madre en el encuentro de la calle de la Amargura caminando con la pesada cruz de nuestros pecados.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la María, saludándola diez veces con la jaculatoria: ¡Oh María!, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti.

 

QUINTO MISTERIO

 

Te suplicamos, Señor, saques tantas almas del purgatorio y conviertas tantos pecadores cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió tu Corazón y el de tu Madre en las tres horas de mortal agonía y dolorosa muerte en la Cruz.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la María, saludándola diez veces con la jaculatoria: ¡Oh María!, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti.

 

Se concluye el rosario rezando el Credo y la Salve.

 

Rosario de los difuntos (decenario de la pasión)

 

Oración inicial: Abre, Señor, nuestros labios; alienta nuestros corazones y límpialos de pensamientos vanos; ilumina nuestro entendimiento e inflama nuestra voluntad para que, con todo nuestro corazón, meditemos los pasos de tu Sagrada Pasión y muerte, junto con los dolores de tu Madre, y merezcamos que nuestra súplica sea oída por tu Divina Misericordia.

Amado Jesús: por todo lo que por mí padeciste en tu Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amen.

 

(Las diez imprecaciones siguientes se repiten cinco veces, para formar un Rosario de cinco decenas).

 

1. Jesús mío, por aquel sudor copioso de sangre que sudaste en el huerto, ten misericordia de las almas del Purgatorio (o del alma de N.)..

2. Jesús mío, por la bofetada que recibió tu rostro venerable, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

3. Jesús mío, por los azotes que sufriste, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

4. Jesús mío, por la corona de agudas espinas que traspasaron tu cabeza, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

5. Jesús mío, por los pasos que diste en la calle de la Amargura con la cruz a cuestas, ten misericordia de las almas del Purgatorio…

6. Jesús mío, por tu santo rostro lleno de sangre, que dejaste impreso en el velo de la Verónica, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

7. Jesús mío, por la vestidura sangrienta que con violencia te quitaron, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

8. Jesús mío, por tu Cuerpo clavado en la cruz, ten misericordia de las almas del Purgatorio...

9. Jesús mío, por tus pies y manos clavados con duros clavos, ten misericordia de las almas del Purgatorio...
10. Jesús mío, por tu costado abierto por una lanzada, de donde manó sangre y agua, ten misericordia de las almas del Purgatorio (o del alma de N.).

 

En lugar del Padrenuestro se dirá la siguiente oración:

 

Dulce Jesús mío, mira con ojos misericordiosos a las almas de los fieles difuntos, por las cuales has muerto y recibido tormento de cruz. Amen.

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